lunes, 11 de noviembre de 2013

Experiencias de recuperación; Eleanor Longden (Las voces en mi cabeza)

Para todos los efectos, Eleanor Longden era como todos los otros estudiantes, rumbo a la universidad llena de promesas y sin preocupaciones en el mundo. Eso fue hasta que las voces en su cabeza comenzaron a hablar. Al principio inofensivas, estos narradores internos se convirtieron en cada vez más antagónicos y dictatoriales, convirtiendo su vida en una pesadilla viviente. Diagnosticada con esquizofrenia, hospitalizada, drogada, Longden fue descartada por un sistema que no sabía cómo ayudarla. Longden narra la conmovedora historia de su viaje de años para volver a la salud mental y argumenta que fue a través de aprender a escuchar sus voces que fue capaz de sobrevivir. Una entrevista con Eleanor Longden. http://www.theguardian.com/technology/2013/aug/08/ted-talk-eleanor-longden-schizophrenia Creo que no hubo un solo punto de inflexión, sino una acumulación y fusión de los cambios positivos. En primer lugar, me sentí muy afortunada de tener gente que nunca se rindió conmigo – fueron relaciones que valoraron mi resiliencia, mi valor, y mi capacidad para sanar. Yo solía decir que estas personas me salvaron, pero lo que ahora sé es que hicieron algo aún más importante: la facultad que me salvo yo. Mi madre, por ejemplo, tenía una fe incondicional que me iba a volver a ella y estaba dispuesta a esperar por mí durante todo el tiempo que fuera necesario. También conocí a un psiquiatra increíble, que absolutamente no se adhirió a la idea de mí como "esquizofrénico" - o cualquier otra etiqueta para el caso. "No me digas lo que otras personas le han dicho acerca de ti", solía decir: "Háblame de ti". Junto con sus colegas de enfermería, fue muy proactiva, pragmática, creativa y empática. Su enfoque era todo acerca de afrontamiento activo en lugar de ajuste pasivo. Fundamentalmente, también me ayudó a ponerme en contacto con la Red de Escuchadores de Voces del Reino Unido, que fue una revelación absoluta. Por primera vez, tuve la oportunidad de probar y ver mis voces - mensajes y metáforas acerca de los problemas emocionales en mi vida – y a su vez empezar a relacionarme con ellos de manera más pacífica y productiva. Empecé a entender las voces (además de mis otras experiencias, como la auto-lesión, ansiedad, paranoia y creencias) de una manera más compasiva. No como los síntomas, y no como adaptaciones y estrategias de supervivencia: sino reacciones sanas a las circunstancias críticas. Las voces tomaron el lugar del dolor abrumador y les dio palabras - recuerdos del trauma y los abusos sexuales, rabia, vergüenza, pérdida, culpa y baja autoestima. Probablemente la idea más importante fue cuando me di cuenta de que las voces más amenazantes y agresivas en realidad representan las partes de mí que habían sido heridas- y, como tal, fueron estas voces que había que muestra la mayor compasión y cuidado. Lo que por supuesto en última instancia representa aprender a mostrar compasión, el amor y la aceptación hacia mí misma.